Europa Press
Comite Independiente AntiSida
La campaña del Ministerio de Sanidad y Consumo español llamada “Si no tomas precauciones ¿sabes quién actúa?” enumera seis infecciones de transmisión sexual frecuentes. Llama la atención que no se mencione al VPH. Sin embargo, ahora plantean este virus como un problema serio y urgente frente al cual nos proponen una vacunación colectiva.
La infección por el VPH representa la infección de transmisión sexual más frecuente en algunos países. Existen unos cuarenta tipos de VPH sexualmente transmisibles, algunos de los cuales son causa del cáncer de cuello de útero. Los datos científicos señalan que aunque uno use el preservativo en todas sus relaciones sexuales, el riesgo de contagiarse por VPH es del 38%. Quizás la razón por la cual algunas autoridades han obviado irresponsablemente el VPH antes de la llegada de la vacuna sea que el preservativo no es eficaz para evitar la infección.
De hecho, según
Ahora tenemos una vacuna y, en medio de la polémica, se quiere vacunar colectivamente a niñas pre-adolescentes. ¿Qué sabemos del VPH y de esta vacuna? La vacuna Gardasil actúa contra 4 tipos de VPH sexualmente transmisibles. Dos son responsables de verrugas genitales y dos, el 16 y el 18, son responsables del 70% de cánceres de cuello de útero en el mundo.
Esto significa que, en el mejor de los casos, la vacuna evitaría el 70% de dichos cánceres en el mundo. En el caso de España, esos dos tipos, y por lo tanto la vacuna, abarcan solamente al 55,8% de cánceres de cuello de útero. Se trata de un avance esperanzador. Pero quedan serias dudas tanto desde el punto de vista de la salud pública como desde el de los padres y madres que deben decidir si vacunarán o no a sus hijas.
La salud pública se enfrenta a la responsabilidad de evitar una epidemia de infecciones por VPH, y en consecuencia de cáncer en mujeres, favorecida por la multiplicidad seriada y/o simultánea de parejas y por el inicio precoz de relaciones sexuales en los jóvenes. Es comprensible que se quieran apoyar soluciones aparentemente sencillas como el uso extenso de una vacuna. Pero la realidad es más compleja.
La vacuna pediátrica más cara
Los estudios de eficacia se han realizado sobre todo en jóvenes mayores que las pre-adolescentes para las que se propone colectivamente la vacuna. No han sido, de momento, seguidas durante un tiempo suficiente, al menos tan largo como el que transcurre entre infección y cáncer. Por ello, no tenemos suficiente información a largo plazo sobre eficacia ni efectos adversos. Estos estudios han sido financiados y patrocinados por los fabricantes de esta vacuna, que obtendrán grandes beneficios con su aplicación.
Se desconoce si una vacunación será suficiente o si será necesaria alguna dosis de recuerdo. Ignoramos si la protección sólo contra 4 tipos de VPH tendrá como efecto no deseado el aumento de la “fuerza” relativa de los demás tipos cancerígenos, hoy menos frecuentes.
Esta sería la vacuna pediátrica más cara que se habrá utilizado de manera colectiva (como mínimo unos 300 euros por persona; aproximadamente 60 millones de euros en todo el país). En España, supondría invertir una parte importante del gasto en salud pública en esta vacuna. Esto se convierte en un problema cuando existen necesidades que compiten por los mismos recursos.
Recordemos que el cáncer de cuello de útero se previene eficientemente con programas de citología centrados en la población que tiene relaciones sexuales. Además, la vacunación colectiva no ahorraría la necesidad de seguir realizando las citologías que se han mostrado tan eficientes. En España en 2005 murieron 739 mujeres por cáncer de cuello de útero (lo que supone el 0,4% de todas las defunciones femeninas y el 2% de las causadas por el cáncer), mientras que 5.703 murieron por cáncer de mama. ¿Está justificado este gasto contra el cáncer de cuello que ya tiene una prevención eficaz o deberíamos incrementar el esfuerzo frente al cáncer de mama?
La prevención más eficaz
La transmisión del VPH está claramente determinada por el comportamiento sexual en la población y debería reforzarse su prevención desde estas causas. Dado que la vacuna del VPH no es eficaz contra el 100% de los cánceres de útero, y menos en España, ocurre lo mismo que con la promoción indiscriminada del preservativo.
Si su promoción no se lleva a cabo de manera cautelosa, puede fomentar en los jóvenes una falsa sensación de seguridad frente a infecciones de transmisión sexual y conducir a un aumento de conductas de riesgo.
Este fenómeno se conoce como “compensación de riesgo”. Por eso, de introducirse la vacunación colectiva, es importante hacerlo en un contexto que prevenga realmente dicha compensación, haciendo hincapié en la importancia del retraso en el comienzo de las relaciones sexuales, así como la fidelidad mutua una vez iniciadas dichas relaciones, como las medidas preventivas más eficaces.
Hay quienes argumentan que se debe seguir el ejemplo de la vacunación sistemática frente a la hepatitis B. Pero no es acertado comparar ambas vacunas por las siguientes razones: la vacunación frente a la hepatitis B se planteó después de muchos más estudios de eficacia y con seguimientos más prolongados; no existe el problema de la multiplicidad de tipos que observamos en el caso del VPH; la vacuna de la hepatitis B es mucho más eficaz y, finalmente, los determinantes de infección por hepatitis B no son sólo de comportamiento sexual como el VPH sino que las otras vías de contacto no sexual justifican la vacunación extensa.
En conclusión, no parece que haya una clara indicación para promover desde
¿Qué opciones tienen los padres y madres ante el anuncio de una vacunación colectiva? Es razonable adoptar la actitud de negarse a la vacunación de sus hijas para protegerlas de tantas incógnitas y mensajes confusos. Pero los jóvenes deben saber que vacunarse antes de tener relaciones sexuales con una persona infectada, puede evitar que se infecten de estos 4 tipos de VPH.
Finalmente, con o sin vacuna, los padres deben insistir a sus hijas que la prevención más eficaz es evitar el riesgo de contagio, esperando para tener relaciones sexuales hasta que puedan compartir un proyecto de vida con quien puede ser padre de sus hijos.
Publicado originalmente por Silvia Carlos Chillerón y Jokin de Irala en la sección de "Infecciones de Transmisión Sexual" del Departamento de Medicina Preventiva y Salud Pública de
Catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública
Universidad de Navarra
Fecha: 26 de febrero de 2009
Publicado en: Diario de Navarra
La vacuna contra el virus del papiloma es sin lugar a dudas uno de los mayores avances tecnológicos de la medicina preventiva actual. Las vacunas contra el cáncer son un ambicioso sueño de la humanidad y esta vacuna se aproxima a tan maravilloso ideal. Cuenta además con todas las bendiciones de agencias tan solventes como la FDA (Food and Drug Administration) norteamericana. Esto ahuyenta miedos a masivas reacciones adversas de gravedad. La aplicación de cualquier vacuna a miles y miles de personas es posible que coincida en el tiempo con diversos procesos causados por otros factores. Coincidencia temporal no es lo mismo que relación causa-efecto. Posiblemente la alarma social sea injustificada ante los casos sospechosos de efectos adversos. Pero tales casos han supuesto una llamada de atención hacia otras sombras sobre esa vacuna.
Somos muchos los que hemos firmado un manifiesto pidiendo sosiego y prudencia antes de transferir precipitadamente este gran avance técnico a acciones masivas de salud pública. Recientemente 3 profesores de nuestro Departamento publicamos un informe técnico en la revista Medicina Clínica (disponible en www.unav.es/preventiva) donde analizábamos con mucho detalle los pros y los contras de la vacunación masiva de niñas muy jóvenes en España. Coincidió temporalmente (tampoco sin relación causa-efecto) con un editorial del New England Journal of Medicine (vol 359, pag. 861) que se llamaba Reasons for caution. Nuestro informe se llamaba "Razones para el optimismo y razones para la prudencia". Coincidíamos en muchos aspectos de los razonamientos y evidencias aportadas. Nosotros enumerábamos 20 cuestiones aún no resueltas, entre otras las relativas al desconocimiento de su efectividad a largo plazo, la compensación de riesgos por creerse más protegido de lo que se está y el coste de oportunidad, porque quizás habría otras prioridades en las que gastar.
La vacuna puede llevar a descuidarse en la conducta. Se conoce que la percepción de quien recibe una vacuna es que se cree más protegido de lo que realmente está. La vacuna no protege frente a todos los tipos de virus del papiloma que causan cáncer (más de 20), sino sólo frente a dos de ellos, los más frecuentes. ¿Se conseguirá sólo sustituir los que ahora son más frecuentes por otros tipos a base de vacunar? Sería un despilfarro. Tampoco protege frente a la larga lista de otras infecciones de transmisión sexual que van en aumento en nuestra población (a pesar de ostentar récords en uso de preservativos), como son las infecciones por clamidias, sífilis, gonococos, herpesvirus, virus de hepatitis, tricomonas, sida, etc. Es el conocido fenómeno de compensación de riesgos.
Olvidarse de cambiar estilos de vida para recurrir a una solución (parcial), eso sí llena de glamour tecnológico, ha sido siempre un escape peligroso en salud pública. Sin cambios en estilos de vida, no se avanza en salud pública. Peor todavía sería caer en el derrotismo de pensar que los estilos de vida no son modificables. Hay evidencia científica abundante de que sí lo son. Lo que pasa es que hay que invertir más en ello. La vacuna contra el papiloma es más cara que todas las demás del calendario juntas. ¿Es que nos sobran los recursos?
En tiempos de crisis habría que plantearse con mucha calma si ésta es realmente la prioridad en el gasto en medicina preventiva. Así lo hemos pedido más de la mitad de los catedráticos de esta especialidad en nuestro país. No tenemos precisamente una epidemia de cáncer de cuello uterino. No estamos al nivel de Estados Unidos en infecciones por el papiloma. Tampoco estamos a su nivel en lo que ganan los médicos y otros profesionales sanitarios. Para elevar el nivel de salud de la población y la satisfacción con el sistema sanitario, quizás un destino alternativo preferible para el gasto sanitario sea el de incentivar mejor a los profesionales que con tanto esfuerzo sostienen este sistema.
Dos expertos ginecológicos advierten de que, aproximadamente, la mitad de las jóvenes de entre 21 y 30 años están infectadas por el virus del papiloma humano (VPH). Dado que el VPH se transmite por vía sexual, esta advertencia va especialmente dirigida a aquellas mujeres que practican conductas de riesgo en sus relaciones íntimas.
Además, según constata el laboratorio que comercializa Cervarix, la vacuna contra el papiloma humano, los preservativos “no protegen completamente a las mujeres de contraer el VPH”.
El jefe del Departamento de Ginecología y Obstetricia del Hospital Universitario de Salamanca, Juan Luis Lanchares, y el jefe de la Sección de Ginecología y Obstetricia del mismo complejo sanitario, Ángel García Iglesias, anunciaron este martes, 4 de marzo, que el VPH afecta ya al 50 por ciento de jóvenes que han pasado de los veinte años.
Zonas turísticas y ciudades universitarias
Según los facultativos, que ofrecieron una rueda de prensa en el Colegio de Médicos de Salamanca, el porcentaje en España es más alto en las zonas turísticas como las mediterráneas y las islas Baleares, también en las ciudades universitarias como Salamanca.
Por el contrario, el médico García Iglesias expuso que las poblaciones menos afectadas son las del oeste del país, además de provincias como Navarra y Cuenca, entre otras.
Asimismo, el doctor Lanchares indicó que “se pueden llegar a comprobar hasta tres virus distintos en una sola persona” y para diagnosticar nuevos casos apostó por realizar pruebas de ADN viral porque es una técnica “más sofisticada”.
También lamentó que “hay resultados de citología que dan negativo para la lesión en pacientes que realmente están infectadas”, así que hay que dar “un paso adelante” y apostar por análisis de ADN, aseveró.
Riesgo de cáncer
Así, Lanchares subrayó que se tratarían con “mejores técnicas” a las jóvenes infectadas por un virus que es “asintomático” y que “actúa oportunistamente, disminuye las defensas y tiene mucho riesgo de padecer cáncer”.
Por su parte, García Iglesias destacó que los papilomas inciden “sobre todo” en el cervix; y para evitar los papilomas que puedan desembocar en un futuro cáncer, defendió el suministro de la vacuna Cervarix que proporciona una respuesta “inmune más potente y duradera” frente a una infección por VPH.
Con la dotación de este vacuna, García Iglesias expuso que las cifras de cáncer de cuello en el útero podrían reducirse a “casos anecdóticos”; a lo que añadió Lanchares que Cervarix “tiene la misma línea de eficacia que tuvieron vacunas tan importantes como la viruela”
.
Por otra parte, los responsables de Cervarix informan de que los tipos 16 y 18 de VPH son responsables de más del 70 por ciento de los casos de cáncer de cervix y calculan que “entre el 50 y el 80 por ciento de las mujeres activas sexualmente se infectarán en algún momento de sus vidas; de esas infecciones, aproximadamente el 75 por ciento incluirán un tipo oncogénico”.
Fidelidad y abstinencia
Sin embargo, lo que no advierten ni unos ni otros, incluidas las Administraciones, es que basar toda la prevención en la vacuna no es precisamente la solución definitiva.
Como ya advertíamos en una anterior información, vacunar colectivamente a las adolescentes con riesgo de infectarse con el VPH puede fomentar una falsa sensación de seguridad e incrementar las conductas de riesgo.
Cabe recordar que la Organización Mundial de la Salud considera que la forma más eficaz de prevenir la infección por VPH es retrasar el inicio de las relaciones sexuales entre los jóvenes y la fidelidad entre quienes mantienen ese tipo de relación íntima.
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